Sobre: Somos margeniales. Soy la mujer que hace arte de la nada. México: Marejada, 2024[1]
Gabriel Mendoza Zárate[2]
La obra colectiva Somos margeniales. Soy la mujer que hace arte de la nada, publicada en 2024 y coordinada por Paola López Eguiluz, Rosario Pacheco Torres y Aida Maltrana Hernández, es un proyecto audaz e innovador que emerge de la plataforma Marejada: indisciplina con perspectiva de género. Esta plataforma curatorial tiene como objetivo visibilizar las prácticas artísticas contemporáneas de mujeres provenientes de las periferias latinoamericanas, desafiando la exclusión del mercado artístico hegemónico y promoviendo espacios seguros, incluyentes y críticos para la creación.
La obra reúne características que la inscriben dentro de la cuarta ola del feminismo al aprovechar las redes digitales para construir colectivas y hacer visibles, a través del arte, las diversas formas de exclusión y violencia que enfrentan las mujeres. En este contexto, el libro pone en el centro la experiencia subjetiva de las creadoras, quienes transforman su cotidianidad en arte, convirtiéndose en las protagonistas de sus procesos creativos. Este enfoque feminista de cuarta ola se manifiesta en tres aspectos fundamentales: su crítica al mercado artístico hegemónico, que pondera el arte como una mercancía y margina las obras de mujeres periféricas; la reivindicación del derecho de las mujeres a existir, resistir y transgredir las reglas excluyentes; y la propuesta de un arte que se posiciona en la periferia para rescatar lo cotidiano y ordinario desde una ética del cuidado y la sororidad.
Aproximaciones a la obra
La obra puede apreciarse desde diversas perspectivas. Desde su forma: más que un libro acabado, Somos margeniales toma la forma, para decirlo en femenino, de una libreta inacabada, una cuaderna de apuntes que documenta el proceso creativo de sus participantes. Este formato refuerza la idea de que la creación artística es un proceso continuo, no un producto finalizado.
Desde su contenido: el libro recopila reflexiones, posicionamientos políticos y autorretratos de las participantes, quienes plasman sus experiencias personales, heridas, preocupaciones y apuestas como mujeres artistas. Este registro también muestra la transformación subjetiva que experimentan al exponerse a otras mujeres y al contexto colectivo de creación.
Desde su diseño gráfico: con una estética que combina rasgos de catálogo y fanzine, la obra incluye fotografías, autorretratos, bordados, grabados, danzas e instalaciones que expresan la subjetividad, imaginación y posicionamiento político de las creadoras ante las diversas formas de exclusión y violencias que viven en sus países.
A través de sus consignas reflexivas: a lo largo del manuscrito, emergen frases como “no existe la mujer, existimos las mujeres”; “somos motores de la historia”; “somos archiva, somos procesos, somos margeniales”; “entre todas construimos nuestras memorias”; “existimos porque resistimos”, y “nada de nosotras o sobre nosotras sin nosotras”, que invitan a la reflexión y subrayan el posicionamiento político feminista y colectivo del proyecto.
Una propuesta colectiva y plural
Somos margeniales adopta un formato que trasciende el libro tradicional. Este diseño, deliberadamente inacabado y experimental, refleja el proceso creativo colectivo de sus participantes, compuesto por 33 autoras mexicanas de diversas edades y cinco artistas de otros países (Chile, Perú, España, Guatemala y Argentina). La pluralidad intergeneracional de estas mujeres, cuyas edades oscilan entre los 27 y 64 años, y la diversidad de sus perfiles y trayectorias personales y profesionales enriquecen el contenido de la obra.
Frente la tendencia del artista como genio individual, Somos margeniales reivindica lo comunitario y colectivo; ante un sistema feminicida que siembra muerte y miedo, este proyecto apuesta por sembrar vida, memoria y colectividad; ante la cruda realidad que aísla e inmoviliza, le apuesta a construir realidades horizontales y multigeneracionales. Las artistas no sólo se reconocen en el presente, sino que también se ven como herederas de sus ancestras, otorgando un lugar central al territorio, la historia y la memoria como espacios de emancipación.
Estructura de la obra
En la presentación de Somos margeniales, las autoras expresan que esta obra es el fruto de tres años de intenso trabajo colectivo realizado por mujeres “atravesadas por la periferia”, tanto geográfica como discursiva (p. 6). Estas creadoras se reconocen a sí mismas como artistas, gestoras, curadoras, archivistas y narradoras, unidas por el propósito de visibilizar y resignificar su labor artística. El proceso creativo se articuló por medio de dos laboratorias virtuales, durante la pandemia de COVID-19, donde se gestó una colección de arte y se desarrolló una archiva que reúne las creaciones de las participantes. Este esfuerzo culminó en un ejercicio de curaduría feminista que dio lugar a un repositorio con más de 500 registros catalogados profesionalmente. Este archivo no sólo documenta las obras, sino que también explora tópicos fundamentales como el territorio, la memoria, las ancestras, la historia detrás de cada creación y su trayectoria de adquisición, entre otros elementos clave que enriquecen la propuesta.
La obra está estructurada en tres apartados principales:
Geografías margeniales: se abre con una manifesta que define la identidad colectiva del grupo; son mujeres artistas, en plural, que se reúnen para “tejer puentes”. Desde los márgenes geográficos y discursivos, las autoras-creadoras proclaman: “venimos de los márgenes: Somos Margeniales”. Estas mujeres artistas se autodefinen como desplazadas por las violencias, pero también como motores de la historia, constructoras de memoria y resistencias: “Somos mujeres desplazadas dentro de los relatos, desplazadas por las violencias, porque el centro todo lo copta y en la periferia pareciera no suceder la vida, la fuerza o la estética”. (p. 10)
La manifesta articula un discurso crítico y reivindicativo que pone en valor las experiencias personales y colectivas de las mujeres artistas periféricas.
Pedagogías disruptivas: este apartado, el más extenso, está dividido en cuatro secciones que abordan las prácticas artísticas y curatoriales desde una perspectiva feminista y colectiva:
· Crónicas: aborda los temas trabajados en las laboratorias, como la escritura, el archivo, la colección, la práctica curatorial y las reflexiones sobre lo que implica ser, resistir y crear desde la periferia. Aquí se brinda un reconocimiento a las autoras, creadoras y curadoras que colaboraron compartiendo sus conocimientos en las laboratorias. Estas crónicas no sólo documentan los procesos colectivos, sino que destacan el desafío de construir un arte que emerge desde los márgenes.
· Ejercicios creativos: esta sección reúne tres conjuntos de textos que muestran la diversidad de identidades y subjetividades artísticas.
El primer conjunto de textos es sobre un ejercicio propuesto en una de las laboratorias, que consistió en responder a preguntas fundamentales: “¿qué es ser mujer?” y “¿qué mujeres somos?” (p. 26). El resultado es una serie de conmovedores poemas personales que evidencian la pluralidad de identidades, sentimientos y experiencias de las artistas. Estos textos demuestran, desde la vivencia, que no existe “la” mujer universal, sino múltiples mujeres, con sus cuerpas, emociones y contextos únicos. El segundo conjunto titulado “Nuestros procesos” (p. 34), corresponde a un ejercicio donde algunas participantes narran, con transparencia, el camino personal que las llevó a crear. Rompiendo con la idea de la espontaneidad artística, estas narraciones revelan que el arte margenial surge del contacto con la vida cotidiana: caminar, observar transeúntes, animales y paisajes; admirar lo ordinario y lo extraordinario; tocar, sentir, recordar, dejar fluir emociones y atreverse a manifestarlas en fotografías, bordados, grabados, dibujos, montajes o instalaciones artísticas. El tercer conjunto de textos, bajo el rubro “Con amora incendiaria” (p. 40), presenta los frutos de un ejercicio introspectivo donde las artistas reflexionan sobre su identidad creativa y el impacto de sus ancestras y ancestros en su obra. Por medio de cartas profundamente emotivas, las autoras revelan, de manera íntima y honesta, la transformación subjetiva que experimentaron durante el proceso de creación. Estas cartas no sólo muestran la conexión entre lo personal y lo artístico, también reivindican la importancia de la memoria y el linaje en la producción cultural.
· Letras S.O.S.roras: es una sección dedicada a la creación colectiva, en el cual las participantes de las laboratorias plasmaron sus pulsiones, emociones y reflexiones sobre sus cuerpas, memorias, territorios y contextos periféricos. El resultado es un muro digital cargado de frases que condensan diversos “senti-pensares”, dando cuenta de las experiencias y significados que emergen al crear en colectividad. Este apartado no sólo refleja la riqueza de los procesos compartidos, sino que da voz a las subjetividades y conexiones que se tejen desde la periferia.
· Narrarnos juntas: es una sección que presenta un ejercicio enriquecedor, en el cual las artistas se exponen al análisis crítico y estético de sus compañeras. Este proceso fomenta una dinámica de comprensión y empatía, donde la obra de cada participante actúa como un espejo que evoca las experiencias personales de las demás, otorgando nuevos significados y sentidos a las creaciones. Estas interacciones generan comentarios y reflexiones, además de que inspiran nuevas ideas creativas como poemas, dibujos o nuevas instalaciones. Este ejercicio de curaduría feminista destaca por su compromiso con la sororidad, al colocar en el centro a la artista, su obra y su contexto, bajo la convicción de que “curar y cuidar desde la complicidad” (p. 64) es esencial para construir espacios seguros e incluyentes de creación colectiva.
Margeniales: ¿quiénes somos?: este apartado final reúne una breve semblanza de las mujeres que participaron en la obra.
La obra también incluye un complemento digital: un Repositorio Margeniales accesible mediante código QR (p. 14), que ofrece una colección de materiales gráficos, fotográficos, audiovisuales y textos. Este espacio funciona como un laboratorio donde el colectivo cataloga y archiva sus obras, fortaleciendo la idea de una plataforma artística inclusiva y colaborativa.
Comentarios finales
Esta publicación se presenta como una obra multifacética que invita a múltiples lecturas. Puede ser apreciada como una pieza artística en sí misma, deteniéndose a contemplar la cuidada selección de obras que contiene. También puede abordarse como un conjunto de confesiones personales de diversas creadoras, cuyas experiencias y reflexiones invitan a cuestionar las normas estéticas, los estereotipos y las reglas del mercado. Además, el libro extiende una invitación a romper con las lógicas individualistas y a dejar emerger la artista que cada mujer lleva dentro, o bien, a contemplar las creaciones desde una perspectiva que no sea patriarcal ni mercantilista, sino basada en la comprensión y el cuidado.
En el terreno de las reflexiones, la obra se sitúa desde la periferia, pero no desde la romantización, sino desde una crítica incisiva a la exclusión, la marginalización y la precarización que afectan a muchas mujeres artistas. Al mismo tiempo, reivindica la periferia como un espacio de resistencia: “existimos porque resistimos” (p. 74), afirman las autoras, al abrazar sus identidades y subjetividades periféricas. Contra la lógica competitiva del mercado y la noción del artista individual, se propone un arte colectivo que parte de lo concreto: las cuerpas en resistencia, la colaboración y la socialización de las obras. Se alienta la autogestión y la creación de alternativas que interpelen al público sobre las realidades vividas.
Frente a los grandes relatos de éxito del arte contemporáneo, este libro aboga por contar historias de experiencias cotidianas, reafirmando que “todas tenemos algo que contar” (p. 18). Asimismo, desafía los estereotipos estéticos hegemónicos para visibilizar los procesos creativos de las clases precarizadas. Más allá de ser un libro, Somos margeniales es un espacio de resistencia, un testimonio de la capacidad creativa y transformadora de las mujeres periféricas que hacen visible un arte surgido de los márgenes, pero que interpela al centro.
La “pedagogía disruptiva” que propone la obra consiste en mirarse y reconocerse como mujeres completas: con virtudes y defectos, fuertes y frágiles, capaces y creadoras, resistentes y resilientes. Reivindica la creatividad doméstica y los saberes cotidianos, como el arte de la cocina, el tejido, el zurcido y la sobrevivencia diaria. Además, se caracteriza por una práctica curatorial que entiende la obra artística como un “dispositivo de historicidad” (p. 21) que permite enfrentar preocupaciones contemporáneas, entablar diálogos políticos desde las cuerpas, el territorio, y la diversidad étnica y sexual. Las autoras promueven la apropiación del espacio público para instalaciones y exposiciones artísticas, desafiando la exclusividad de los museos y galerías institucionalizadas. También plantean la importancia de explorar las redes sociales como herramienta para visibilizar a artistas periféricas, excluidas y desconocidas.
En definitiva, esta obra creativa se posiciona como una propuesta anticapitalista, al romper con la lógica competitiva y voraz del mercado artístico hegemónico y promover colectivas de mujeres creadoras desde la periferia. Es también antipatriarcal, al denunciar la subordinación y la objetualización de las cuerpas, y al proponer nuevas representaciones y relaciones de horizontalidad, cooperación y comunidad. Asimismo, es anticolonial, al resistir los cánones estéticos del centro colonialista y revalorizar las creaciones marginalizadas desde la memoria, las ancestras y el territorio. Este proyecto artístico feminista recoge las reivindicaciones de las diversas olas del feminismo desde una perspectiva plural e intergeneracional. Invita a la reflexión y a la acción política en favor de la vida, la igualdad y la inclusión, abrazando una ética de la ternura que conjuga estética y política, y que hace del “curar y cuidar” y de la “amora incendiaria” un acto transformador.
Quiero terminar esta reseña aclarando que esta obra no es exclusivamente para mujeres; también interpela a los hombres y nos invita a aprender y a apropiarnos de prácticas feministas basadas en la solidaridad, la colaboración y el cuidado. Para el autor de estas líneas, hombre y heterosexual, Somos margeniales es una obra imprescindible para comprender el papel del arte en las luchas feministas contemporáneas. Su lectura no sólo resulta profundamente cuestionadora, también invita a una reflexión personal que nos desafía a reconocer nuestras complicidades con las violencias y prácticas que reproducen el sistema patriarcal. Es, además, una oportunidad para deconstruirnos y reconstruirnos desde masculinidades alternativas que abran espacio a la ternura, al cuidado y la corresponsabilidad, contribuyendo así a la construcción de relaciones más dignas, justas y horizontales.
[1] Pacheco Torres, Rosario; López Eguiluz, Paola; Maltrana Hernández, Aida et al. (2024). Somos margeniales. Soy la mujer que hace arte de la nada. México: Marejada.
[2] Maestro y doctor en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París, Francia. Profesor e investigador en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla y miembro del Observatorio de Participación Social y Calidad Democrática en la misma universidad. Acompaña procesos de defensa del territorio y organización comunitaria en Chiapas. Contacto: gabriel.mendoza@iberopuebla.mx. https://orcid.org/my-orcid?orcid=0009-0003-7305-4413