“¿Estas feministas sí me representan?” Expresión, diversidad y conflicto en la reconfiguración del movimiento feminista en Guadalajara
Susana Larios Murillo[1]
Carmen Díaz Alba[2]
Nátaly Nuño Silva[3]
Karen Cervantes Navarro[4]
Resumen: Este artículo discute cómo se construye y se sostiene el sujeto político feminista en el contexto particular de Guadalajara, México. Las herramientas metodológicas utilizadas en el trabajo de campo fueron la etnografía, entrevistas a profundidad, análisis de medios de comunicación y de publicaciones en plataformas virtuales, así como la facilitación de un taller de memorias y elaboración colectiva de una línea de tiempo de movilizaciones feministas en los últimos diez años. A partir de una discusión teórica sobre el sujeto político y su relación con la cuarta ola, analizamos cómo se expresa este fenómeno en Guadalajara, así como algunas tensiones y conflictos que hemos observado. Sostenemos que si bien los conflictos pueden fragmentar la organización, también han sido un detonante para ampliar las posibilidades de un sujeto político plural, que no se limite a políticas identitarias.
Palabras clave: feminismos, cuarta ola, sujeto político, etnografía, conflicto.
Las movilizaciones feministas que observamos a nivel mundial en los últimos quince años no sólo han significado la puesta en marcha de un extenso repertorio de acción de las mujeres que alzan la voz contra las violencias patriarcales, sino la ampliación de las conexiones políticas y posibilidades comunicativas de un feminismo heterogéneo y plural, como lo expresa Silvia Gil (2022):
En estas nuevas conexiones parecería que se revela de manera más evidente que nunca la heterogeneidad propia del feminismo, así como su capacidad multiplicadora que permite operar al mismo tiempo en varios niveles, sin que ninguno le sea estrictamente más propio, la calle, los medios de comunicación, las escuelas, la academia, las instituciones, las redes sociales. (p. 51)
Esta apertura ha generado debates al interior del movimiento feminista sobre quienes lo abanderan y, en ese sentido, quienes están excluidas[5] de sus reivindicaciones y apuestas políticas. Es importante señalar que esta es una discusión que se observa en todos los sitios de reflexión abiertos por el movimiento feminista: espacios colectivos, asambleas, medios de comunicación y la academia, lo que desde nuestra perspectiva resulta relevante para pensar un ciclo de protestas que ha tenido aciertos, pero también ha generado tensiones importantes al plantear la urgencia de ampliar su sujeto político.
El objetivo de este artículo es discutir cómo se construye y se sostiene el sujeto político feminista en el contexto particular de Guadalajara,[6] específicamente desde el espacio organizativo de la Red Yovoy8deMarzo. Partimos de la idea de que los conflictos son un detonante de las posibilidades de un sujeto político, que no se limita a las políticas identitarias. Atendiendo a la convocatoria del dossier, enmarcamos nuestras reflexiones en la problemática, pero útil metáfora de las olas del feminismo que, siguiendo a Amneris Chaparro (2022), se puede considerar un “desplazamiento epistemológico que nos permite visibilizar y sistematizar la historia de la lucha de las mujeres” (p. 78).
En este sentido, nos situamos en la cuarta ola del feminismo como un momento en el que las jóvenes han tomado protagonismo en las luchas, poniendo en la agenda la necesidad de pensar en la ampliación de las reivindicaciones feministas con una mirada interseccional (Varela, 2019). Otro aspecto que resalta de esta ola es la creatividad que se ve reflejada tanto en las movilizaciones y asambleas, como en las formas de crear redes de comunicación, mediadas por la tecnología (Rovira, 2018). Un tercer aspecto que reconocemos como parte de esta ola se ubica en las tensiones generadas por las posibilidades de ampliación del sujeto político, empujada por la necesaria diversidad.
Para cumplir con nuestro objetivo, el artículo está dividido en cuatro apartados. En el primero de ellos nos centramos en explicar nuestro posicionamiento como investigadoras y la metodología de trabajo. En el segundo apartado, planteamos una discusión teórica sobre el sujeto político del feminismo, así como su relación con la cuarta ola como fenómeno político y social. En el tercero, presentamos un análisis centrado en las tensiones en la definición del sujeto político que hemos observado en el movimiento feminista en Guadalajara, así como la manera en la que se manifiestan las disputas por el poder de nombrar, representar e incluir. Finalmente, presentamos algunas notas conclusivas y preguntas que quedan abiertas para futuros análisis.
1. Sobre metodología, política y feminismo
Este artículo se enmarca en el proyecto de investigación colaborativa en curso titulado “Reconfiguraciones de los feminismos en Jalisco 2014-2024”, donde las discusiones en torno a la metodología han ocupado un lugar central. Nos posicionamos como investigadoras feministas y planteamos que las decisiones metodológicas son también decisiones políticas. Nos hemos inspirado en trabajos académicos que, desde ámbitos como la antropología feminista, proponen metodologías colaborativas y horizontales (Berrio Palomo et al., 2020). Nuestra investigación busca generar conocimiento desde y con sujetos políticos, donde, como señala Patricia Castañeda (2019), “ambas partes se legitiman a partir del reconocimiento mutuo como sujetos particulares que comparten intereses e intencionalidades de cambio del orden político hegemónico” (p. 21).
Nuestra apuesta ético-política permea la manera en la que hemos desarrollado las metodologías de investigación. Creemos importante que, al ser la investigación también un proceso formativo para las estudiantes que participan en ella, es necesario enfatizar el “detrás de las cámaras” de un trabajo como este, por lo que además del trabajo académico habitual, hemos destinado tiempo y energía a sesiones colectivas de discusión para desarrollar los instrumentos de trabajo de campo, compartiendo no sólo qué estamos buscando, sino acompañando el cómo se hace la investigación en la práctica.[7]
Las herramientas metodológicas que utilizamos para el trabajo de campo fueron la observación participante en asambleas y marchas feministas,[8] tres entrevistas a profundidad con activistas feministas de distintas generaciones,[9] análisis de notas de medios de comunicación y seguimiento a publicaciones en plataformas virtuales. Tanto las guías para la observación de movilizaciones como las entrevistas a profundidad fueron desarrolladas en diálogo y colaboración con las integrantes del proyecto. Otra estrategia metodológica fue la facilitación de un taller de memorias y elaboración colectiva de una línea de tiempo de las movilizaciones feministas en Guadalajara en los últimos diez años con una veintena de participantes de la Red, activas en distintos periodos. El análisis, que incluye tanto la narrativa como imágenes fotográficas, se realizó a lo largo de sesiones de discusión colectiva que ahora se plasman en este artículo redactado a varias manos.
Nos enfocamos en el caso de Guadalajara porque para nosotras es relevante situarnos espacialmente, debido a nuestro compromiso personal y político de generar una memoria local y situada de las luchas y reivindicaciones de los espacios que habitamos. Además, creemos que es relevante porque buena parte de la literatura que da cuenta de las movilizaciones feministas latinoamericanas se enfoca en las grandes capitales, y como ha notado Castillo (2023), en México se ha escrito poco sobre las movilizaciones feministas fuera de Ciudad de México.
Particularmente nos hemos centrado en los esfuerzos organizativos de la Red Yovoy8deMarzo,[10] que, si bien no representa la totalidad de los feminismos en la ciudad, ha sido el espacio que convoca desde hace más de diez años a movilizarse en fechas simbólicas para el movimiento. La Red se articula como una “unión de diversas colectivas” en donde cada compañera participa también en otros espacios (Notas de campo, marzo de 2024). El espacio se fundó en 2013, en un momento de recrudecimiento de las violencias en Jalisco (Díaz, 2017). Desde ese lugar se han sostenido las distintas ediciones del paro de mujeres en Guadalajara y se ha constituido una plataforma de comunicación para los llamados a la protesta feminista (Díaz, Larios y Correa 2022).
La forma en la que se organiza la Red es a través de asambleas (G2, taller de memoria), que como explica Verónica Gago (2019), se configuran como “espacios de arraigo y proyección donde se experimenta la potencia de pensar juntas, de elaborar una idea, una consigna, un recorrido, una convocatoria, etcétera” (p. 165). La autora afirma que la inteligencia colectiva se experimenta en las asambleas “cuando nos sentimos parte de un movimiento del pensar que es saber práctico, puesta en juego de los cuerpos reunidos” (p. 174) y, al mismo tiempo, abre el espacio al pensamiento común, con sus respectivas experiencias y saberes previos.
Estar en asamblea, dice Gago, es un “modo laborioso de estar con otr*s” (p. 171), escuchar pacientemente las intervenciones y sostener la tensión pensante, que permite “salir de la victimización y del estado de duelo permanente al que se nos quiere someter” (p. 171) y también se convierte en encuentro de conflictividades diversas (p. 174). Quienes integran la Red plantean que el trabajo es colectivo: “lo que hagamos es para todes” y reconocen que, aunque no todas piensen igual, “hay una afinidad, por eso nos organizamos juntas” (Entrevista a Ana).[11]
La Red enlaza a activistas de diversas colectivas que coordinan en un proceso asambleario, el llamado a la movilización que se organiza a partir de comisiones para realizar las tareas antes, durante y después de la marcha (por ejemplo, el trabajo de comunicación, de seguridad, la logística y las vinculaciones con otras luchas). En el mismo sentido que pensamos que la metodología es política, creemos que el trabajo logístico que sostiene la movilización es relevante para el análisis. Un elemento para subrayar es que los recursos con los que opera esta red son autogestionados, debido al posicionamiento crítico frente a las políticas del Estado. Nos interesa visibilizar y problematizar el trabajo necesario antes, durante y después de las manifestaciones, que implica varias semanas de organización previa de compañeras que muchas veces es realizado en una triple jornada, después de sus trabajos remunerados o estudios, el trabajo en sus hogares y el trabajo comunitario organizativo.
2. Discusiones en la cuarta ola y el sujeto político del feminismo
En este apartado discutimos distintas visiones sobre la narrativa histórica del movimiento feminista y la manera en la que se caracteriza su sujeto político. Esta discusión nos permitirá analizar cómo se construye y sostiene el sujeto político feminista en nuestro caso de análisis, así como situar los principales conflictos que observamos y que nos interesa pensar desde su potencia.
2.1 La metáfora de las olas: alcances y limitaciones como narrativa histórica
Hacer la historia del movimiento feminista es una tarea en la que se interesan tanto activistas como investigadoras. Las formas de entender las acciones políticas, las demandas, el uso del lenguaje, los posicionamientos y los repertorios de acciones forman parte de aquellos elementos que se consideran para hablar de los distintos momentos que han marcado la historia de lucha de miles de mujeres a lo largo de los años. Una de las periodizaciones más utilizadas para hablar del feminismo es la metáfora de las olas. Sin embargo, es importante señalar que esta forma de analizar y construir los hitos no está exenta de disputas sobre aquello que se incluye y lo que se deja fuera. Como apunta Amneris Chaparro (2022), “el acotamiento de la historia del feminismo en olas es un recurso analítico arbitrario” (p. 87) y como tal ha de ser utilizado.
En ese sentido, Gabriela Cano y Saúl Espino (2023) explican que la construcción de periodizaciones y los cortes temporales son un recurso explicativo y narrativo que permite organizar y articular los relatos del pasado, lo cual tiende a imponer sesgos analíticos y políticos que pueden derivar en simplificaciones excesivas; como veremos más adelante, este uno de los reclamos más comunes a esta forma de pensar la historia. Por otro lado, refieren que hacer la historia del movimiento feminista implica pensar en grupos que han impugnado el orden y las jerarquizaciones de género, lo cual implica incluir —contrario a lo que se puede pensar— no sólo a colectivos de mujeres (y no a todos los colectivos de mujeres), sino también grupos mixtos y disidencias sexuales.
Siguiendo este orden de ideas, podemos observar que las críticas más grandes que se hacen a la metáfora de las olas están centradas en el cuestionamiento del feminismo hegemónico y su poder de nombrar, lo que invisibiliza las luchas de mujeres que se movilizan desde cruces identitarios no hegemónicos (Chaparro, 2022), así como por la linealidad narrativa (Millán, 2020) y la dificultad de mirar más allá de los momentos de efervescencia.
Al respecto, Eli Bartra (2022) cuestiona las olas del feminismo como marco histórico, proponiendo que las rupturas y continuidades del movimiento son más complejas y contextuales. Argumenta que no hay un feminismo único o hegemónico, y que históricamente el movimiento ha sido plural y diverso. Las mujeres negras, indígenas, lesbianas y trans han enriquecido y ampliado la teoría y movilización feminista.
Por otro lado, Sonia Álvarez (2019) alude a que la metáfora no permite ver que el feminismo ha sido desde el principio diverso, aunque dicha diversidad no siempre haya sido reconocida (p. 91). La autora plantea que hay una presencia simultánea de formas de organización y discursos feministas que suelen asociarse a diferentes olas (Álvarez, 2019, p. 92). Por ejemplo, los ciberactivismos coexisten con feminismos de corte sindical, con feminismos comunitarios; las formas organizativas más fluidas y en red conviven al mismo tiempo con formas de organización más convencional, etcétera.
Asimismo, Márgara Millán (2020) plantea que la figura de las olas es problemática por la “tendencia a una historización lineal, que no reconoce ires y venires en las tensiones de la intencionalidad crítica de las mujeres” y porque “tiende a universalizar la historia de núcleos hegemónicos, sobre todo anglosajones, ocluyendo las historias de las resistencias múltiples” (p. 215).
Estos análisis concuerdan con uno de los aspectos destacados por Cano y Espino (2023): la necesidad de pensar la historia desde la pluralidad de los feminismos, pero también desde la pluralidad espacial y temporal. Esto, por supuesto, es algo que permea al estudio de los movimientos sociales en su conjunto, que suelen centrarse en los ciclos de protesta, en los actores más visibles o hegemónicos y en espacios geográficos centralizados.
Podría parecer, como señala Amneris Chaparro (2022) que este es un problema científico/analítico y no, necesariamente, político. Sin embargo, en nuestras observaciones hemos constatado que, en los espacios colectivos, hacer la historia, observarla, traerla al presente como referente y hacer distancia de ella, resulta un aspecto político central, y al ser la noción de las olas un recurso para “producir un imaginario feminista” (Chaparro, 2022, p. 83), esto genera discusiones importantes sobre quienes no han sido nombradas.
Finalmente, en lo que sí parece haber un acuerdo, sin importar como se enmarque temporalmente, es que en los últimos años el movimiento feminista —a nivel global— se encuentra en un ciclo de protestas, en el que como señala Silvia Gil (2022), es posible observar la heterogeneidad y la multiplicidad como características de su potencia. Algunas autoras han llamado a este momento histórico de luchas y potencia feminista, la cuarta ola (Varela, 2019; Bartra, 2022, Rovira, 2018).
2.2 La cuarta ola como momento histórico[12]
Para situarnos en la discusión de la cuarta ola del feminismo, autoras como Nuria Varela (2019) plantean que es a partir de 2010 que podemos identificar un cambio en las formas de organización y las posibilidades movilizadoras del movimiento feminista. Sin embargo, no hay un acuerdo sobre cuál es el momento en el que se puede pensar a la cuarta ola como un movimiento global, debido a las características sociales y políticas de cada espacio (Chaparro, 2022).
Sin embargo, hay al menos tres características en las que las teóricas feministas coinciden cuando hablan de la cuarta ola del feminismo y las cuales se pueden constatar en las movilizaciones, procesos organizativos, paros, etcétera (Rovira, 2018; Varela 2019; Castillo, 2023; Gil, 2023). La primera de ellas tiene que ver con el protagonismo que han tenido las mujeres más jóvenes en la consecución de un movimiento masivo que trasciende los espacios políticos y se coloca en las conversaciones más cotidianas. En ese sentido, Varela (2019) afirma que ésta es la tercera vez que el feminismo se ha convertido en un movimiento de masas: “antes lo había sido con el sufragismo (por primera vez) y más tarde también lo consiguió el feminismo radical, pero, en este caso, esta cuarta ola presenta una novedad: el feminismo, por fin, es global” (p. 155).
Un segundo aspecto que destaca en este ciclo de protestas es la creatividad que se ve reflejada tanto en las movilizaciones y asambleas, como en las formas de crear redes de comunicación, mediadas por la tecnología (Rovira, 2018). Para Varela (2019), el uso intensivo de las redes sociales y de expresiones artísticas y creativas han permitido ampliar el mensaje feminista debido al cambio generacional. Como mostraremos más adelante, la creatividad y el arte juegan un papel central en los distintos momentos de organización y lucha de las mujeres. Eli Bartra (2022) coincide en que los cambios generacionales, el uso de tecnologías y la globalización han sido factores significativos en la transformación reciente.
La tercera característica se relaciona con el acento que han puesto las activistas en la necesidad de pensar en la ampliación de las reivindicaciones feministas con una mirada interseccional (Varela, 2019) y las tensiones generadas por las posibilidades de ampliación del sujeto político, empujada por la necesaria diversidad. No hay que perder de vista que muchas de estas tensiones se ven alimentadas por los embates y el crecimiento del conservadurismo a nivel global.
Desde nuestra mirada, un aspecto importante del análisis histórico del movimiento feminista es que nos permite advertir los conflictos, los cambios y las posibilidades de ampliación de un sujeto político que, como señala, Laura Gaelx Montero (2018):
Ampliar el sujeto político del feminismo no es una victoria patriarcal. Es una victoria del feminismo que, para no convertirse en un movimiento excluyente y reproductor de las desigualdades, tiene que ser interseccional. Ampliar el paraguas del sujeto político revolucionario nunca podrá ser neoliberal. (p. 12)
Como puede observarse, la ampliación de la agenda feminista y la mirada interseccional de las activistas más jóvenes da pie a la concepción de un sujeto político más diverso, pero, al mismo tiempo, genera tensiones.
2.3 Sobre sujeto político e interseccionalidad
Las discusiones sobre el sujeto político del feminismo han estado presentes en las distintas etapas históricas, sobre todo en aquellas en la que la efervescencia y las discusiones públicas se hacen presentes en distintos espacios. Los elementos que caracterizan al sujeto político son su interés por trascender el ámbito individual para pasar al colectivo, asumir una actitud reflexiva sobre su condición de ser político y la construcción de su propia realidad, así como su responsabilidad para transformarla mediante la acción organizada y reflexionada (Arias y Villota, 2017).
Para Millán (2020), el concepto convencional de sujeto político se ha reconfigurado, porque el sujeto mujeres es “cada vez más plural, translocal, interseccional y performativo” (p. 211). Millán llama sujeto político en eclosión al diálogo entre feminismos atravesados por diversas estructuras de poder y privilegio donde “no hay un colectivo mujeres a priori, sino que éste se construye en medio de tensiones y disidencias, pero también de comunalidades en la desigualdad de lo común” (p. 215). Se trata, afirma ella, de un sujeto múltiple e intersectado, dialógico y en constante renovación (p. 216). Además, este sujeto político es múltiple no sólo por su interseccionalidad “sino también porque cuentan con legados históricos y herencias múltiples y que se recrean continuamente a un solo tiempo” (p. 227).
En torno a la discusión sobre la diversidad de quienes conforman el movimiento feminista, Raquel Gutiérrez (2022) invita a “partir del reconocimiento de las diferencias y asumir que es posible estar cerca sin compartir las mismas posturas [...] No se trata de anular el conflicto, sino de hacerlo aflorar de una manera fértil, que no dinamite la misma posibilidad de tejer(nos).” (p. 130). Más bien, negociar “los términos de lo que sí compartimos, esclareciendo lo que no compartimos y en lo que diferimos, y sabiendo que no podemos estructurarnos en términos de contraposición binaria” (p. 135). Compartimos su planteamiento crítico acerca de los binarismos, pues impide ver los matices y complejidades de la acción colectiva.
Guiomar Rovira (2022) coincide en hablar en plural de los feminismos transnacionales indignados. Una nueva generación de mujeres jóvenes, conectadas a través de redes sociales, “logran discutir políticamente temas antes inexistentes” (p. 110). Para esta autora, algunos elementos clave que caracterizan lo que ella llama constelaciones feministas que “se espejean y multiplican”, son su “aparición inesperada, capacidad de auto convocatoria, distribución de voces, protagonismo de cualquiera, presencia simultánea online y en las calles, que se orienta sola sin dirección unificada” (p. 109). Rovira señala que el sujeto feminista está siempre en construcción y contextualizado, y advierte del peligro de la política identitaria:
Siempre es un sujeto en construcción en un momento, en una lucha concreta, y ese proceso debe ser lo más abierto posible. Las luchas identitarias per se generan expulsiones y delimitan quiénes pertenecen y quiénes no. La identidad, en ese sentido, está reñida con la política. Creo en una política que permite conectarnos y pensar en un mundo común. Esto significa asumir quién tiene que estar delante en cada momento o cuándo estar en un espacio separatista y qué momentos son colectivos. Se trata de pensarnos desde la responsabilidad de cada momento histórico y de cada lucha concreta. (p. 108)
3. Expresión, política identitaria y conflicto en la reconfiguración del movimiento feminista en Guadalajara
A continuación, presentamos el análisis que muestra cómo se construye y sostiene el sujeto político feminista en nuestro caso de estudio, en el contexto particular de Guadalajara. Nuestra intención es resaltar el papel del conflicto como detonante para ampliar las posibilidades del sujeto político feminista; por ello, ponemos énfasis en el diálogo intergeneracional, la comunicación y creatividad en la protesta, así como en los debates sobre el horizonte del proyecto político feminista en la ciudad.
3.1 Mujeres jóvenes y diálogo intergeneracional
El hartazgo y su manifestación política, de las mujeres y disidencias sexuales, es histórico y tiene una genealogía que conecta las luchas pasadas y presentes, aunque a veces la desconozcamos. Mientras más dialoguemos con otras generaciones sobre cuáles y cómo eran sus formas, más podemos conocer las condiciones que tenían para hacerlo. Y de la misma manera, nos invita a reflexionar sobre cuáles son las condiciones que queremos construir para las que vienen. Todo lo anterior, teniendo presente los respectivos contextos en los que se desarrollan dichas expresiones.
Aunque a lo largo del tiempo han ocurrido situaciones que han llevado a las feministas a mostrar su descontento, eso no quiere decir que las formas de manifestarlo sean completamente nuevas, sino que, como lo mencionan Ana Jaiven y Merarit Viera (2021), “son antecedidas por prácticas que en su tiempo también habían sido estigmatizadas como ʻno propiasʼ de las ʻbuenas mujeresʼ” (p. 107).
A este respecto, en el taller de memoria colectiva las participantes compartieron reflexiones acerca de la importancia de traer a la conversación las genealogías locales: “hay fotos de marchas en las que había 20 mujeres, que fue el semillero de lo que ahora vemos” (G1, taller de memoria), e hicieron referencia a la gran cantidad de participantes que han tenido las movilizaciones de los últimos años. Agregaron: “estamos acá por las que fueron antes y estamos acá como ecos de las otras formas de organización previas” (G1, taller de memoria), haciendo alusión a las colectivas y a las redes que actualmente tienen presencia en la ciudad y reconocieron que las mujeres han luchado por libertades para nosotras y para otros, desde hace muchos años.
Aun cuando en la cuarta ola del feminismo se destaca la gran presencia de jóvenes en el movimiento, queremos resaltar que también ha aumentado la presencia intergeneracional, ya que tal como lo mencionó una de las entrevistadas, en las marchas del 8 de marzo de 2023 y 2024, también hubo “mayor visibilidad de las maternidades e infancias, han sido marchas mucho más seguras para invitar a mujeres que no habían participado por miedo” (Entrevista a Sara). Lo cual se puede ver reflejado en el contingente destinado a madres e infancias al que ha convocado la Red.
Por otro lado, en la observación participante que llevamos a cabo en las marchas ya mencionadas de los últimos dos años, registramos la presencia de adultas mayores que asistían incluso en sillas de ruedas, colocándose a las orillas de las calles por las que pasaba la marcha mostrando su participación. Igualmente, en las entrevistas realizadas hasta el momento, se profundizó acerca de la necesidad de que las participantes que ya tienen una mayor experiencia no sólo den lugar a las ideas que traen a la mesa nuevas participantes, sino que las acompañen en el camino, respetando sus propios procesos. Como señala, Ana: “No es nuestro papel […] aleccionarlas, sino más bien acompañarlas […] yo también fui una morrita y estaba con muchas ganas de cambiar al mundo”.
Además de que se mencionó el enriquecimiento que aportan las nuevas generaciones, también se matizó con la necesidad de recuperar los aprendizajes ya atravesados por las que tienen más experiencia, para ir trazando un camino con mayor potencia para el feminismo. Una de las entrevistadas declaró lo complicado que ha resultado encontrar las mejores maneras para hacerlo sin que provoque tensiones en el movimiento, “¿cómo les hablas de esas cosas, sin que digan que eres una vieja rancia que está limitando su libertad de expresión? También [es importante] encontrar las formas de hacerlo, sin […] reproducir prácticas de dinámicas de poder” (Entrevista a Sara).
3.2 Comunicación: uso de redes sociales y creatividad en la protesta
Como hemos explicado, una de las características que las autoras (Varela, 2019; Rovira, 2018; Bartra, 2022) enfatizan cuando analizan la cuarta ola es la centralidad que tienen las redes sociales como estrategias para lograr los objetivos del movimiento. En este apartado, profundizamos y situamos el contexto de Guadalajara, pues a la luz de los hallazgos preliminares de nuestra investigación encontramos que, así como han sido catalizadores de comunicación, organización y denuncia, también han traído consigo diversos desafíos.
3.2.1 Potencial y desafíos de las redes sociales
En las entrevistas, las compañeras compartieron la manera en la que los contenidos en redes sociales, principalmente producidos y consumidos por jóvenes, han posibilitado alcanzar a personas de múltiples contextos con temas que potencializan la concientización e interpelación en cuestión de segundos: “ahora puedes vincularte con otra mujer, saber que no eras la única la que atravesaba por una situación, cualquiera que podamos entender que nos atraviesa con el machismo, sexismo, patriarcado” (Entrevista a Sara).
Según lo comentaron, estos procesos anteriormente requerían de presencialidad, trabajo continuo o acceso a documentos teóricos: “en ese tiempo antes de las redes sociales, pues todo era folleto en mano […] para nosotras era importante hacer brigadas informativas en la calle” (Entrevista a Ana). Aunado a ello, afirmaron que durante la pandemia de la COVID-19, cuando se imposibilitaron los encuentros presenciales y se desarticularon múltiples iniciativas, el uso de plataformas virtuales permitió, en algunos casos, seguirse organizando y comunicando ante el nuevo contexto.
Para Rovira (2016), el uso de tecnologías y su vinculación con los movimientos sociales permite que las organizaciones tengan impactos masivos y funjan como “redes de agentes que se conectan entre sí, que pueden filtrar lo que quieren saber y lo que les apetece en un ambiente de abundancia informativa” (p. 90). De esta manera, las personas no sólo cuentan con la posibilidad de crear contenido en redes sociales, sino que además deciden qué contenidos difunden con otras personas, sin olvidar la programación del algoritmo y las contra narrativas que existen en dicha abundancia narrativa.
De esta forma, las redes sociales han potencializado los mensajes del movimiento feminista, así como las plataformas digitales para convocar y visibilizar distintas demandas. Una muestra de ello es la página de la Red en Facebook, que, para diciembre de 2024, contaba con 22 000 seguidoras, lo que demuestra su relevancia en Guadalajara; no obstante, una compañera mencionó que “construir una página que tenga tantos seguidores toma tiempo y publicaciones puntuales con información que haga eco y resuene en las personas que las están leyendo” (Entrevista a Sara). Esto implica una alta demanda de trabajo debido al sostenimiento y crecimiento de la plataforma, lo que incluye gestionar un “exceso de mensajes y responder es muy cansado” (Notas de campo, marzo de 2024). La comisión de comunicación de la Red, además de responder los mensajes y administrar sus redes sociales, tiene la tarea de gestionar la relación con otros medios de comunicación y crear contenidos que se vayan necesitando, como son los pronunciamientos, entre otras cosas (Notas de campo, marzo de 2024).
Por otro lado, encontramos que el uso de redes sociales también ha suscitado desafíos y ha provocado tensiones entre las activistas y sus apuestas políticas, principalmente, por cuatro motivos. El primero es porque las redes sociales se han utilizado para acosar y violentar virtualmente a las compañeras, como explica Ana: “nos exhibieron, nos stalkeaban […] el internet es un espacio super peligroso, porque a la gente se le hace muy fácil destruirte la vida en redes sociales y ahora sabemos que eso tiene altos costos”.
En segundo lugar, la dificultad que presenta comunicar posturas y tratar de resolver desacuerdos que se dan al interior de las colectivas y redes organizativas por medio de chats, lo cual puede fragmentar y lastimar los vínculos si no se ponen otras condiciones para el diálogo, como lo expresa María: “luego la gente cree que puede dirimir conflictos en WhatsApp. Eso no existe, no existe ni va a existir, te tienes que sentar con otra persona”.
En tercer lugar, como reflexiona una de las entrevistadas, debido al impacto de las redes sociales y el trabajo para lograrlo, en algunas ocasiones se ha llegado a descuidar el trabajo de base en las calles para seguir formando redes con otras colectivas, fuera de las movilizaciones puntuales del 8 de marzo. Así pues: “creo que el internet es una herramienta super poderosa, pero yo siento que también nos ha hecho muchísimo daño, porque, claro que lo digital es real, pero no es toda la realidad” (Entrevista a Ana).
Esto último se vincula con el cuarto motivo, que son las múltiples brechas digitales que aún existen en Guadalajara, pues, así como las redes sociales nos han permitido alcanzar y conectar con más personas que se puedan llegar a sentir identificadas con las demandas del feminismo y busquen sumarse, al generalizar o apostar desde los privilegios, a que todas las mujeres tienen acceso a internet, a un celular o a que las redes sociales son su principal medio de obtención de información, podríamos estar dejando fuera a muchas (Entrevista a Sara).
3.2.2 Expresiones creativas como forma de protesta
Siguiendo con estas reflexiones, nos centramos en otra de las características de la llamada cuarta ola de los feminismos; las expresiones creativas como forma de protesta. Como explican Andrea Pérez y Andrea Montoya (2022), el arte recrea y transforma maneras de ver la realidad e interpela a las personas en un sentido emocional y sensorial, lo que propicia de manera crítica “comunicar lo innombrable, el dolor, el malestar social, el hastío, y, al mismo tiempo, ayuda a convocar al otro, al diferente, al extraño, por medio de lo creativo puesto en colectividad bajo múltiples formas de expresión” (p. 112).
En ese sentido, nos interesa traer a colación algunas expresiones para visibilizar la creatividad en los mensajes y las formas en las que se manifestaron en las movilizaciones del 8 de marzo de 2023 y 2024 en Guadalajara. Esto fue posible gracias al registro directo en la observación participante de una de las investigadoras del equipo y una fotógrafa aliada que se sumó con material visual.[13]
Dentro de las consignas gritadas y plasmadas en pancartas, algunas de ellas tenían como interlocutor al Estado: “El Estado opresor, es un macho violador”, “Me cuida mi mamá, no me cuida el Estado”. Y otras, a los transeúntes “Señor, señora, no sea indiferente, se matan a las mujeres en la cara de la gente”, “No es desfile, es protesta”, “Con falda o pantalón, respétame cabrón” (Notas de campo, marzo de 2024).
También se dieron denuncias de distintas violencias en el ámbito escolar o de trabajo, por ejemplo: “udg encubre violadores”, (haciendo alusión a la Universidad de Guadalajara), “Marcho por el personal de salud que sufrimos violación o acoso por algún compañero, mi uniforme no es para provocar a nadie”. Asimismo, había expresiones de solidaridad con víctimas de feminicidio y desaparición “Vivas se las llevaron, vivas las queremos”, “Nos prefiero vivas y violentas que violadas, desaparecidas o muertas” y de violencia vicaria “Hija, hijo, yo no te abandoné, tu papá me separó de ti”, “Pagar pensión no es un favor, es tu pinche obligación”, y de empatía con la lucha del pueblo palestino “Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá”, “Las niñas de Gaza no son una amenaza” (Notas de campo, marzo de 2024).
Por otro lado, hubo múltiples expresiones de lo que llamamos en el apartado anterior, diálogo intergeneracional: “Los niños, marchando, también están luchando”, “Fui la niña que tocaron sin su consentimiento, pero soy la tía de la niña que jamás vas a tocar”, “Cuidar también es revolución” (ilustración 1). También se hicieron presentes consignas que reflejan la interseccionalidad, respecto a participantes con discapacidad: “Mujeres con discapacidad: presentes no invisibles”, “Hoy venimos más válidas que nunca”, “Mi silla, mi cuerpo, mis reglas” (Tapatías con discapacidad, 2024) y de la diversidad sexual: “No seguiré ideologías que excluyan a mis amigas trans” (Notas de campo, marzo de 2024).
Ambas marchas (2023 y 2024) finalizaron en la Glorieta de las Personas Desaparecidas,[14] en donde se llevaron a cabo los pronunciamientos de la Red, en 2023 con el lema “Paramos y nos cuidamos” y en 2024 “Florecemos desde las resistencias”, los cuales reflejan las demandas políticas, los procesos organizativos que integran al movimiento feminista, así como su solidaridad con diversas luchas locales, nacionales e internacionales que ponen en peligro una vida digna para las personas y para el planeta, desde una perspectiva de resistencia y esperanza.
Además de estos pronunciamientos, en 2024 también se proyectaron otra serie de manifiestos que abordaban distintas demandas (ilustración 2). Por ejemplo, uno en alusión a la solidaridad con Palestina y con muchos otros pueblos del mundo que están siendo dominados y atacados, además de los pueblos originarios de México, “la República del Congo, Sudán, Haití, Kurdistán, República Saharaui”. Igualmente, denunciaban al Estado mexicano “que nos desaparece, asesina y esconde en fosas clandestinas” (Notas de campo, marzo de 2024).
Otro de los manifiestos proyectados visibilizaba a las compañeras con discapacidad, a través de un poema titulado “Capacitismo” de Carmen Callejo (1990), aquí tan solo un pequeño fragmento:
Mi cuerpo no sirve-me dicen, para satisfacer la mirada masculina.
Mi cuerpo no sirve, para aguantar ocho horas diarias de trabajo.
Mi cuerpo no sirve para ejercer la guerra, para parir un hijo
ni para complacer a quien exige ser complacido.
Mi cuerpo es una línea divisoria entre mi luz y el mundo.
Pero mi cuerpo sirve para bailar, mal y torpe,
bajo la lluvia cuando nadie lo mira.
Posterior a los pronunciamientos, se abrió el micrófono para compartir testimonios y denuncias de víctimas y personas cercanas a ellas, a lo que las participantes respondían de manera colectiva “justicia” (ilustración 3). Una vez concluido este momento, en una parte de la glorieta se realizaron distintos performances al ritmo de la Batukada feminista.[15] Y en otra parte de la rotonda, un grupo de feministas tenían prendido un fuego que era alimentado con las pancartas utilizadas en la marcha y se invitaba a hacer denuncias en voz alta, mientras respondían “Hermana, yo sí te creo”.
3.3 Interseccionalidad: conflicto y ampliación del sujeto político
En este último apartado, problematizamos cómo el conflicto es central en la ampliación del sujeto político, y aunque puede generar rompimientos, coincidimos con autoras como Silvia Gil, Guiomar Rovira y Raquel Gutiérrez (Gil 2022), quienes recuerdan el sentido de urgencia de conectarnos para la defensa de la vida y lo común, por medio del diálogo y la construcción de alianzas.
La ampliación de la agenda del movimiento feminista en Guadalajara está enmarcada por el surgimiento de tensiones y conflictos que han propiciado debates sobre el horizonte del proyecto político feminista. En la actualidad, las acciones de articulación con múltiples causas de la Red reflejan la diversidad de demandas y luchas que caracterizan tanto al movimiento como al sujeto político. En este apartado analizamos cómo han ido ganando centralidad, no sin tensiones, las demandas de familias que buscan personas desaparecidas o exigen justicia por feminicidio, los derechos de las disidencias sexo-genéricas y de las mujeres con discapacidad, así como la solidaridad con luchas como Ayotzinapa, Chiapas y Palestina.
La aparición con vida de las personas desaparecidas es una de las demandas que la Red ha sostenido en los últimos años (Entrevista a Sara). Fue alrededor de 2019 cuando se establecieron diálogos sobre la importancia de incorporar las demandas de las familias frente al contexto de violencia que atravesaba el estado de Jalisco (Entrevista a Ana). Estas conversaciones implicaron discusiones constructivas, pero al mismo tiempo desgastantes, pues se centraron, en gran medida, en quiénes podían participar en la movilización (Entrevista a Sara), planteándose preguntas como “si los papás o los hijos de las familias van enfrente, entonces, ¿qué tan feminista es la marcha?” (G3, taller de memoria).
Ante ello, algunas integrantes recalcaron que el debate no debía limitarse al aspecto biológico, sino a entender la manera en que la situación estaba interconectada con las violencias estructurales (G2, taller de memoria): “un feminicidio, [o] la desaparición de una mujer, llevó a que esa infancia, ese niño, estuviera ahí solo, entonces, pues, ¿cómo lo abordamos? y pues ahí viene, todo lo que nos termina por atravesar.” (Entrevista a Sara). A partir de entonces, la Red se articuló de manera más cercana con la lucha de los colectivos de las familias, colocando sus demandas en el centro de la movilización, su acción política y su agenda. En la descripción de su página, se pronuncian “por una vida libre de violencias, de desaparecidas [y] de mujeres asesinadas por crímenes de odio [...]” (Yovoy8demarzo, s. f.), aunque paradójicamente “enfrentamos fuertes críticas y fuimos víctimas de violencia y cuestionamientos llenos de desinformación y señalamientos” (Entrevista a Ana). En nuestras observaciones hemos constatado la dificultad de separar analíticamente el fenómeno de la desaparición y los feminicidios, los cuales tienen su raíz en las violencias patriarcales.
Una de las acciones políticas de gran potencia en este contexto fue la instalación de la Antimonumenta en 2020 contra los Feminicidios en la Plaza Imelda Virgen (ilustración 4). A cuatro años de su instalación, la Red publicó que es
símbolo de la exigencia por la memoria, la verdad y la justicia para las mujeres que han vivido violencia. Desde antes, desde entonces y hasta ahora nos hemos organizado para parar, denunciar, visibilizar, cuidarnos y acompañarnos frente todas las formas de violencia contra las mujeres. (Yovoy8demarzo, 17 de noviembre de 2024)
Otra de las articulaciones ha sido con las disidencias sexo-genéricas, quienes, como “cuerpos queer, disidentes, personas trans, no binarias” no habían tenido tanta visibilidad en la movilización feminista (G1, taller de memoria), pero obtuvieron mayor presencia en las calles durante la marcha del 8 de marzo de 2020. Este acercamiento marcó un paso importante hacia su integración, ya que antes había una percepción de que “el movimiento feminista no [incluía a las trans] y a muchas otras personas” (G3, taller de memoria). Durante la pandemia, en un esfuerzo por dialogar sobre sus luchas, colectivas disidentes organizaron espacios de conversación con la Red, a partir de los cuales se decidió adoptar una postura inclusiva (G3, taller de memoria).
Este posicionamiento generó nuevas discusiones centradas en la disputa por definir quiénes están incluidas en el sujeto político del feminismo, trasladando el debate a los procesos organizativos rumbo a la movilización de 2020 (G2, taller de memoria). Esto produjo un quiebre significativo, intensificando la división entre posturas políticas que a partir de 2021 resultó en convocatorias diferenciadas: una marcha transincluyente y otra separatista (G3, taller de memoria).
La postura de la Red ante estas tensiones ha sido por un feminismo interseccional y transincluyente: “Nos posicionamos en contra de todas las violencias, tampoco toleramos ningún discurso de odio que limite los derechos de todas y todes. Nos reconocemos en nuestras luchas y nuestras convicciones que convergen en este espacio que convocamos” (Yovoy8demarzo, 21 de febrero de 2024). En 2024, el manifiesto de la Red “Florecemos desde las resistencias” invitó a echar “raíz entre las resistencias de mujeres y disidencias que frente a la violencia no se dejan arrasar por el desconsuelo, sino que construyen en lo colectivo, en lo individual y lo comunitario, la tierra fértil para seguir adelante” (Yovoy8demarzo, 8 de marzo de 2024).
En línea con la interseccionalidad, otro contingente que ha ganado mayor visibilidad ha sido el de mujeres con discapacidad. Gracias al esfuerzo organizativo del Colectivo Tapatías con Discapacidad (@tapatias_discas), que participó en las asambleas rumbo a la marcha, se generaron mejores condiciones para su participación en la movilización del 8M de 2024. Por ejemplo, entre los criterios para la elección de la ruta se consideró la distancia a recorrer y la accesibilidad para llegar. Así, de las cinco rutas propuestas en asamblea, se eligió, por consenso, la que permitía una mayor accesibilidad en transporte público, y una distancia más adecuada para la diversidad corporal (Notas de campo, febrero de 2024).
Además, previo a la movilización, el colectivo recordó en sus redes sociales algunas estrategias de seguridad y acompañamiento para el contingente, como el uso de tarjetas de información en un lugar visible para saber cómo ayudar a las participantes en caso de ser necesario, y orientaciones sobre cómo apoyar a personas con distintas discapacidades durante la marcha (Tapatías con discapacidad, 2024). En conjunto, estas acciones permitieron que el colectivo invitara a sumarse, destacando que “la marcha será en una ruta totalmente accesible y habrá espacios de descanso y diferentes puntos de encuentro para que puedan unirse o salirse desde donde quieran” (Tapatías con discapacidad, 2024).
Para la movilización, lograron formar un contingente en el que participaron aproximadamente 100 personas, incluidas “la comunidad sorda, la comunidad de autistas, de neurodivergentes, personas cuidadoras” (G3, taller de memoria). Este proceso, como destaca una compañera asistente al taller, ha sido muy enriquecedor:
este año ya sembramos una semillita que ojalá que en algún momento se vuelva una florecita para más morras con discapacidad [pues] yo hace 10 años hubiera querido tener esa representación y ojalá que alguien lo conozca, lo vea y diga: las morras con discapacidad también están, también forman parte y ocupan ese espacio. (G3, taller de memoria)
3.3.1 Exigir el fin de la guerra es también una causa feminista
La potencia del movimiento feminista hoy puede verse reflejada en las múltiples acciones articuladas para hacer frente a los contextos violentos, y todo aquello que atenta contra el sostenimiento de vida, incluidas las guerras, la militarización, los despojos territoriales. La Red se ha solidarizado con distintas luchas y ha denunciado la militarización que implica métodos como la “tortura y desaparición con complicidad del Estado”. Por otro lado, enfatizó la necesidad de “fortalecer la organización y la vinculación afectiva y política para defender la vida” frente a las políticas de exterminio globales (Yovoy8demarzo, 26 de septiembre de 2023). También exigió el “¡Alto a la guerra contra los pueblos zapatistas!” (Yovoy8demarzo, 31 de mayo de 2023), y se pronunció contra “las formas de aniquilación en Palestina [que también] se reproducen en las fronteras de este país” (Yovoy8demarzo, 17 de septiembre de 2024). Exigir el fin de la guerra es también una causa feminista, por lo que en 2024 hubo un contingente de solidaridad con Palestina que hizo el siguiente pronunciamiento:
[…] resistimos juntas con la solidaridad y la ternura que nos impide ser indiferentes ante el dolor de las personas que hoy, alrededor del mundo están sufriendo y son sometidas por la ambición y dominación de los regímenes genocidas, racistas, patriarcales, capitalistas y coloniales, alzamos la voz por Palestina y por todos los pueblos que luchan y resisten. (Notas de campo, 2024)
En el trabajo de campo que hemos realizado en Guadalajara, identificamos distintos conflictos que tensionan, pero que potencialmente pueden contribuir a la ampliación del sujeto político del feminismo. Retomamos la afirmación de Rovira (2022) sobre el sujeto feminista como “un sujeto en construcción en un momento, en una lucha concreta, y ese proceso debe ser lo más abierto posible […] Se trata de pensarnos desde la responsabilidad de cada momento histórico y de cada lucha concreta” (2022, p. 108).
Así, situándonos en el contexto de México, y particularmente de Guadalajara, la decisión de dar un lugar central en la movilización del 8M a las familias que buscan personas desaparecidas o exigen justicia por feminicidio, resulta no sólo un acto de solidaridad, sino una obligación colectiva de defensa de la vida, en un contexto geográfico y temporal muy concreto. Como afirma Mariana Menéndez (2018), la lucha feminista es “parte de un torrente de luchas donde nada nos es ajeno si partimos de defender la vida” (p. 83). No se trata entonces solamente de con quiénes se lucha, sino por qué. El caso del Colectivo de tapatías con discapacidad muestra cómo, aunque inicialmente no se sintieran tan representadas en las narrativas de la movilización del 8M (G3 taller de memoria), su implicación en la asamblea para vincularse con la organización y toma de decisiones permitió generar un espacio para su participación y la amplificación de sus demandas.
En segundo lugar, podemos señalar, retomando el planteamiento de Rovira (2022), que “las luchas identitarias per se generan expulsiones y delimitan quiénes pertenecen y quiénes no. La identidad, en ese sentido, está reñida con la política” (p. 108). En el caso de Guadalajara, ha habido un fuerte debate entre el feminismo radical y el transfeminismo sobre el lugar que ocupan las mujeres trans y personas no binarias, así como la inclusión de las familias que buscan personas desaparecidas.
Como destacan algunas compañeras, ambas tensiones se relacionan con posicionamientos colectivos y personales del feminismo, vinculados con la definición del sujeto político del movimiento (G1, taller de memoria). El gran monstruo que enfrentamos —señalaron— es el patriarcado y el capitalismo, cuya intención es dividirnos y contraponernos, por lo que es importante reconocer que “las tensiones son necesarias para movernos” y “mirar que, más allá de las diferencias, tenemos un asunto que transitar hacia adelante” (G1, taller de memoria).
Aunque los conflictos más visibles se han enfocado en cuestiones identitarias, hay otro tipo de situaciones que han generado desencuentros entre activistas. Por ejemplo, como vimos en el apartado anterior, la comunicación y el uso de redes sociales ha amplificado el alcance de los feminismos, pero al mismo tiempo ha generado fragmentación e impacto en la salud mental de activistas que han vivido violencia digital con ataques tanto públicos como en mensajes privados.
Un conflicto latente es la relación con el Estado y la tensión que existe entre las posibilidades de colaboración y las críticas a la cooptación (Entrevista a María). Otra mención se relaciona con cómo algunas marcas utilizan la causa feminista como mercadotecnia, por un lado, y la preocupación de algunas activistas de que la marcha se transforme en un desfile con mayor participación, pero con menor politización (Notas de campo 2023 y 2024).
Por último, no se trata solamente de quiénes están en el movimiento, sino cómo se sostienen los espacios. El trabajo material que implica la organización colectiva, con sus encuentros y desencuentros, ha supuesto desgaste y cansancio. En especial, cuando ese trabajo material se concentra en grupos pequeños y, además, es poco visibilizado, surge un sentimiento de ser “las proletarias del feminismo” (G3, taller de memoria).
La Red ha construido un espacio que posibilita que la marcha del 8M se realice y se sostenga año con año: “No fue por obra de magia que el 8 de marzo fuera lo que es […] no salió de la nada, sino que es producto del trabajo de un montón de morras que han puesto el cuerpo para que sucedan. Por eso yo creo que tantas chicas salen a la calle” (Entrevista a Ana). En este sentido, es importante reconocer que “las marchas no salen de manera espontánea”, se construyen a través de redes, trabajo material y recursos económicos autogestionados (G2, taller de memoria).
Para concluir y seguir pensando juntas
En la coyuntura de la cuarta ola, las mujeres jóvenes han tenido un lugar central poniendo el cuerpo para construir una agenda con mirada interseccional y la necesidad de pensar en la ampliación de las reivindicaciones feministas (Varela, 2019). También han puesto énfasis en la reinvención de formas de nombrar, politizar y performar de manera creativa sus luchas desde distintos espacios: las calles, las redes sociales, las escuelas, sus casas y relaciones afectivas.
Cuando señalamos en el título de este artículo “Estas feministas sí me representan”, haciendo referencia a una consigna que se repite en las movilizaciones, no estamos aludiendo a una política identitaria o representativa, sino a prácticas que reflejan horizontes de transformación que abrazan luchas diversas y que no les son ajenas al feminismo. En tanto exista una apertura hacia esa diversidad, hay una posibilidad de desplazamiento epistémico que nos ayuda a pensar en cómo podemos ser más e incorporar demandas que reflejen de mejor manera la ampliación del sujeto político.
En nuestra investigación observamos cómo se han ido desbordando los límites de las demandas identitarias y esencialistas, para encontrarse en un horizonte común de lucha frente a las violencias que se experimentan en Jalisco, y en un contexto nacional de cada vez mayor militarización. No es casual que la Glorieta de las y los Desaparecidos se haya vuelto un espacio simbólico para las feministas, que materializa su vinculación con las familias que exigen justicia. Coincidimos con el planteamiento de Amaia Pérez Orozco (2022):
El feminismo no es una parte de lo político más amplio, es un modo propio de encarar lo político. Hablamos de el feminismo, nombrado en singular desde el entretejido de diversidades y disputas que lo constituyen, y no como pelea por la hegemonía de su esencia. (p. 224)
El énfasis en la forma de encarnar prácticas feministas con enfoque interseccional articula diversas opresiones más allá del género, y es muestra de cómo la agenda de la Red se ha ido ampliando. Esta reconfiguración no se da por generación espontánea, sino que se construye estableciendo condiciones de diálogo y acuerdos de piso común que no están exentos de conflictos. Uno de los aportes centrales de este trabajo se encuentra en la manera en la que los procesos asamblearios de la Red nos han permitido observar cómo la discusión de aspectos conflictivos ha potenciado las posibilidades de construcción de una agenda feminista centrada en la defensa de la vida y no en políticas identitarias. Poner luz sobre la manera en la que el patriarcado nos afecta a todas las personas no significa dejar de lado demandas centrales como el alto a la violencia feminicida y a la desaparición de mujeres, niñas y adolescentes.
La solidaridad con otras luchas, otra de las características de los feminismos de la cuarta ola, va más allá del discurso, se expresa en términos concretos con la construcción de vínculos que se plasman en agendas ampliadas y resultan en un sujeto político diverso y atravesado por conflictos que emergen en el proceso. Aquí se despliega lo que Silvia Gil (2021) llama “política de lo común”:
[…] un modo de politización que insiste especialmente en la capacidad expansiva de los cuerpos, en volver a decir “nosotras”. A diferencia de lo que ocurría en otros periodos históricos, es un “nosotras” que se niega a ser asimilado bajo categorías totalizantes y esencialistas: no está hecho de identidad, sino de diferencias capaces de recomponerse entre sí. El tipo de “nosotras” que emerge en esta política de lo común es muy distinto al que nace de un feminismo que no ha pasado por la reflexión y experiencia de las diferencias. (p. 40)
Estas discusiones han generado rupturas entre distintos grupos, pero también han permeado la concreción del sujeto político a través de acciones que van desde las formas de comunicación, la recuperación de espacios físicos de memoria, pronunciamientos más incluyentes y articulación con distintas luchas. Así, pensamos que, aunque los conflictos pueden fragmentar, también tienen el potencial de construir un sujeto político más amplio, cuando se generan condiciones para el diálogo, el derecho a disentir, el cuidado colectivo y las prácticas reflexionadas.
En nuestro trabajo de campo hemos constatado que se han generado aprendizajes entre las activistas de la Red para abordar los conflictos de manera que sean menos desgastantes para la organización y fortalezcan al movimiento. Observamos que hay mayor conciencia de una ética del cuidado recíproco y sostenido, así como de la necesidad de generar procesos de definición de un piso político común (Notas de campo, febrero de 2024). La ampliación del sujeto político implica entonces, no solamente preguntarnos sobre quiénes están representadas, sino también quiénes realizan el trabajo (que suele ser menos visible) para sostener el movimiento y en qué condiciones lo hacen.
Dos aspectos que nos quedan pendientes, a la luz de esta discusión, es seguir pensando: ¿cómo se puede reconceptualizar la interseccionalidad considerando estas prácticas? y ¿de qué formas entablamos diálogos rescatando los aprendizajes de quienes ya tienen más experiencia organizándose, pero abriendo espacio a nuevas ideas y formas de expresión, para que en vez de brechas generacionales formemos puentes? Finalmente, nos gustaría cerrar señalando que “en este momento histórico de dominio de la lógica de separación, producir conexiones, entrelazamientos y complicidades, es un modo distinto de hacer mundo, de defender e inventar la vida” (Gil 2022, p. 61). Esta es nuestra apuesta como equipo de investigación.
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Entrevistas y recursos empíricos:
Entrevista a Ana, enero de 2024.
Entrevista a María, enero de 2024.
Entrevista a Sara, enero de 2024.
Taller de memoria feminista. Guadalajara, mayo de 2024.
Grupo 1 (G1, taller de memoria).
Grupo 2 (G2, taller de memoria).
Grupo 3 (G3, taller de memoria).
Fotografías de Brenda Sarahí Rubio y archivo del equipo de investigación.
Notas de campo, Observación participante febrero y marzo de 2024.
[1] Investigadora independiente y profesora titular de asignatura de los Departamentos de Formación Humana y de Estudios Socioculturales en ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara. Correo: susanalarios@iteso.mx https://orcid.org/0009-0006-9372-6960
[2] Profesora-investigadora del Departamento de Formación Humana en ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara. Correo: cdiaza@iteso.mx https://orcid.org/0000-0002-9391-1318
[3] Estudiante de Relaciones Internacionales en ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara. Correo: rn729227@iteso.mx
[4] Estudiante de Relaciones Internacionales en ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara. Correo: ana.cervantes@iteso.mx
[5] Decidimos usar el femenino en nuestro texto por razones prácticas, en él incluimos a las disidencias sexuales.
[6] Hacemos referencia a una de las áreas metropolitanas más grandes de México, ubicada en el Occidente del país. El Área Metropolitana de Guadalajara está conformada por nueve municipios, de los cuales los más poblados y con mayor concentración de actividades económicas, sociales, educativas y culturales son Zapopan y Guadalajara (Imeplan, 2023).
[7] Las reflexiones metodológicas se desarrollan a profundidad en dos textos etnográficos presentados en el Congreso Internacional “Retos para la igualdad de las mujeres en la Ciencia y la Educación Superior” (Mazatlán, noviembre de 2024).
[8] Las observaciones que se señalan en este artículo fueron realizadas entre 2023 y 2024; sin embargo, las autoras hemos participado —en diferentes momentos y con distintos grados de implicación— en procesos organizativos feministas en Guadalajara desde 2014.
[9] Cabe señalar que en este artículo presentamos resultados preliminares de una investigación en curso.
[10] En adelante la Red.
[11] Utilizamos pseudónimos para guardar el anonimato de las personas entrevistadas.
[12] Paula Soto (2021) retoma la caracterización de las olas del feminismo en México, que hace referencia al sufragismo como primera ola, a inicios del siglo xx. La segunda ola, ya en la década de 1970, integra a mujeres que tienen mayor acceso a la educación universitaria y enarbola demandas vinculadas al cuerpo y la sexualidad, la interrupción legal del embarazo, la discusión sobre el desigual reparto del trabajo del hogar, el hostigamiento sexual y la violación. El llamado feminismo popular, en los años ochenta del siglo xx, extendió prácticas feministas al movimiento urbano popular, de trabajadoras y campesinas. Fue en la década de 1990 que el feminismo comenzó a institucionalizarse en espacios de política formal, en la academia, en organizaciones de la sociedad civil. La tercera ola se describe como el reconocimiento de feminismos heterogéneos y policéntricos, con una multiplicidad de identidades: mujeres indígenas, lesbianas, afrodescendiente.
[13] Cabe destacar que lo plasmado aquí no constituye la totalidad del registro, ni la totalidad de expresiones creativas debido a los alcances y limitaciones en la observación.
[14] La glorieta de los Niños Héroes ha sido renombrada por las familias como la Glorieta de las y los Desaparecidos y se ha convertido en un espacio de memoria de la ciudad.
[15] Colectiva de Guadalajara que hace música con tambores hechos de materiales reciclados, acompaña consignas y aporta elementos lúdicos y festivos. Su página de Facebook es @batukadafeministaGDL. Ver Cumplen 10 años Batukada Feminista de Guadalajara (Mural, 31 de diciembre de 2024). Recuperado de https://www.mural.com.mx/cumplen-10-anos-batukada-feminista-de-guadalajara/ar2930028